“De todo quedaron tres cosas:
La certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
La certeza de que sería interrumpido antes de terminar,
y hacer de la interrupción un camino nuevo
Hacer de la caída un paso de danza. Del miedo, una escalera.
Hacer del sueño un puente. De la búsqueda, un encuentro”
Fernando Pessoa

30 abr. 2012

Oportunidades de aprendizaje con las aplicaciones para el móvil en las aulas

En las clases de la ESO se mastica chicle y se chatea por Wassap con el teléfono móvil debajo de la mesa. Ellos creen que no los vemos porque la diferencia de edad y el espacio que ocupamos es distinto, el nuestro, el del docente, permite observar una realidad desde varios ángulos.

Hemos sido alumnos, hemos estado sentados en esos pupitres y ahora estamos al otro lado. Y desde el otro lado vemos cosas que cuando estábamos en los pupitres creíamos que no se veían. Así que sí, vemos perfectamente como esconden la cabeza para que no les regañemos, como comen, o como sacan y meten el móvil del bolsillo.

Foto de Diariodealava.

En realidad, todo esto está prohibido en todos los centros de enseñanza secundaria que conozco.
Pero me pregunto hasta que punto debe estar totalmente prohibido el uso del móvil en las aulas, o si más bien debería estar simplemente limitado.

El móvil viene siendo un elemento fundamental en la comunicación y en las herramientas que manejamos tanto adolescentes como jóvenes, ¿podríamos sacarle partido en las aulas? ¿Podríamos limitar su uso en lugar de prohibirlo?

El limitarlo nos permitiría establecer algunas normas cívicas al mismo tiempo que sacarle provecho.
Algunas normas cívicas básicas que limiten su uso podrían ser no chatear en clase, no hablar por el móvil en clase, si se está esperando una llamada urgente por parte de la familia comunicarlo al profesor antes de que empiece la clase... Ante esto último, se que muchos pensaran que en todos los centros hay teléfonos y las familias pueden llamar. Entonces, hablarán con el conserje, el conserje avisará al profesor de guardia, el profesor de guardia buscará la clase del alumno, irrumpirá en ella y comunicará al profesor y al alumno que debe salir de clase... una larga cadena me parece a mí para un alumno que está en secundaria y que fuera de horario de clase, ya es bastante autónomo como para andarse con recados en cadena.

La semana pasada, en uno de los talleres de Adolescencia y Alcohol que impartía, un alumno me contó la existencia de una aplicación para el móvil llamada Alcohol Meter para calcular el contenido de alcohol de las bebidas. Yo a decir verdad, desconocía la aplicación y su utilidad.


Pero lo cierto es que cada día salen nuevas aplicaciones para móviles, algunas bastante educativas, prácticas y funcionales. Muchos de mis amigos comparten esas aplicaciones educativas conmigo, Wikiloc para compartir rutas de interés, PIR para opositores que permite practicar con exámenes de PIR de años anteriores, aplicaciones que son guías turísticas de ciudades, etc.

Estoy segura que vosotros conocéis muchas más aplicaciones educativas, entonces os pregunto una vez más, ¿prohibir el móvil o limitar su uso? ¿aprovechar las oportunidades de aprendizaje que nos pueda brindar con jóvenes y adolescentes?



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