“De todo quedaron tres cosas:
La certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
La certeza de que sería interrumpido antes de terminar,
y hacer de la interrupción un camino nuevo
Hacer de la caída un paso de danza. Del miedo, una escalera.
Hacer del sueño un puente. De la búsqueda, un encuentro”
Fernando Pessoa

13 feb. 2013

Importancia de la autocrítica en el ejercicio de la docencia

Como os contaba en la entrada anterior, una de las cosas buenas de tener un blog es que tienes un "techo", un lugar donde patalear y soñar, os decía. Pues hoy voy a patalear, así desde tan temprano.

Tengo la sensación, desde hace tanto tiempo que no puedo recordar, de que en este país hay muchas personas ocupando puestos de trabajo y cargos que no le corresponden. Y no les corresponden no porque no hayan aprobado unas oposiciones o porque no hayan pasado una fase de selección, sino porque sencillamente no tienen la categoría profesional ni humana para estar ahí.

Por desgracia, veo casos en el ámbito de la docencia, quizá porque es donde más me muevo. Primero los sufrí como alumna y ahora los veo como profesional.

No pretendo ni mucho menos generalizar, ya que son muchísimos los formadores, docentes, maestros y maestras, profesores y profesoras, orientadores y orientadoras, que realizan sus funciones de forma excepcional y muchas veces incluso más allá de lo que les corresponde, dedicando tiempo y horas extra de trabajo o implicándose en actividades que, aunque nadie les exija, mejoran la calidad de la enseñanza.

Sin embargo, hay otros que no deberían atreverse a llamarse docentes ni educadores, porque en primer lugar hay que tener educación, en sentido amplio de la palabra, en el sentido formal y en el que usarían mis abuelos, tener educación. Y, en segundo lugar, para trabajar con personas, pequeñas y grandes, alumnado, compañeros/as y otros profesionales hay que tener, entre otras muchas habilidades, una básica y fundamental: la empatía. Aunque se me ocurren otras como el respeto. Pero estas personas que no tienen nada de esto, que no les importa nada más que sí mismos/as y sus zapatos, siguen ahí. Porque en algunos sectores, en realidad en muchos, hemos consentido una plaga de "intocables" que son los que le restan calidad y profesionalidad a un país que podría dar mucho más de sí.

La Educación es uno de esos sectores que tiene agujeros por todas partes, docentes que no están lo suficientemente preparados, que no tienen calidad  ni calidez humana, y una escuela que se empeña en seguir el mismo obsoleto sistema que "no da para más" en los tiempos que corren, también como también dirían mis abuelos.


Son muchas las propuestas que se hacen para mejorar la calidad de la enseñanza: mejorar la formación del profesorado:  modificar los modelos de aprendizaje, la implicación de las familias... Pero creo que también fomentaría la capacidad de autocrítica, en cualquier profesión, a nivel individual y grupal. ¿Lo estamos haciendo bien? ¿Podemos mejorar? ¿Podemos aportar algo más? ¿Podemos implicarnos? ¿comprometernos? Porque a veces al hacer balance, sale lo bueno y cómo se puede mejorar en lo regular; y otras lo que sale es, sencillamente, que usted debería dedicarse a  lo que en realidad le gusta y para lo que en realidad tiene aptitudes y competencias: administrativo, o contable, o informático, o investigador, o agricultor... pero no educador, ni docente, ni maestro, ni profesor. Por su propia felicidad, y también por la de todos.

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