“De todo quedaron tres cosas:
La certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
La certeza de que sería interrumpido antes de terminar,
y hacer de la interrupción un camino nuevo
Hacer de la caída un paso de danza. Del miedo, una escalera.
Hacer del sueño un puente. De la búsqueda, un encuentro”
Fernando Pessoa

22 jul. 2014

Cuando nos empeñamos en que funcione lo que no puede funcionar...

¿Por qué siempre "olvidabas" ponerte la misma camiseta? ¿Por qué había señales que ignorabas y que de pronto ahora recuerdas y las comprendes enlazando toda la información? Como si un laberinto que antes no entendías ahora fuese un mapa que conoces perfectamente.

Por todas partes en nuestra vida hay señales. Señales de lo que va bien y de lo que no va tan bien. Nos intentan advertir que la salud está resentida, que la pareja tiene serias grietas, que el trabajo está en riesgo o nosotros en riesgo en él.... y no las vemos o nos empeñamos en seguir a pesar de ellas, en un intento de que funcione lo que no funciona, porque muy a menudo nos empeñamos en que funcione incluso lo que posteriormente comprendemos que a todas luces estaba abocado a fracasar.

Y no se puede uno empeñar en que funcione lo que no funciona porque es un gasto enorme de energía, de tiempo y de salud física y mental; incluso de dinero si nos vamos al campo laboral y empresarial. Intentar sí, negociar, probar pasos distintos... pero no hasta el agotamiento, no a costa de nosotros/as mismos/as.

Tendemos a la inercia, a seguir en la misma línea, en las mismas rutinas, en la citadísima zona de confort, diciéndonos a nosotros mismos que la cosa no va tan mal... Filtramos las señales, nos quedamos con las que encajan en esa zona y nos ponemos un bonito impermeable por el que todo lo demás resbala.

Resbala hasta que un día estás estancado con lodo hasta las rodillas y piensas: ¡oh dios mío! ¿cómo me he metido en esta?

Y ahí viene el me ahogo, la ansiedad, la depresión, el quiero salir pero no sé cómo, no puedo y el porqué me pasa esto a mí, qué mala suerte tengo...  Y también viene el cómo me he metido ahí y entonces miras atrás, porque como decía Kierkegaard, la vida debe vivirse hacia delante pero sólo se comprende mirando hacia atrás, te das cuenta que había señales por todas partes que no sabías interpretar o no querías pararte a ello porque mientras los pies no estaban aprisionados en el lodo aún podías caminar.

Y después de un tiempo de reflexión, todas las señales que había ahora encajan como un puzle, que algo había en ti que te decía que NO, pero aún así seguías porque .... porque ... porque.... ahora esos porqué no te parecen ya tan importantes. Te preguntas cómo has pasado tanto tiempo sin darte cuenta o soportando esa situación, incluso como has pasado varias veces por situaciones similares hasta comprenderlo.

Aquello de " lo que corazón sabe hoy la cabeza lo entenderá mañana " cobra pleno sentido. ¿ Por qué no aprendo a interpretar las señales y emociones?. Empeñados en racionalizar todo, hasta que un día la razón da plantón, te sientes solo/a y te das cuenta que esa amiga a la que habías dejado de lado, sigue ahí, dándote la mano... ¿ la coges? Son tus emociones, tu lenguaje interior, tu inconsciente que siempre ha caminado a tu lado aunque lo hayas mirado por encima del hombro y que ahora te abre los ojos a un camino más consciente y respetuoso contigo mismo/a.




No hay comentarios:

Publicar un comentario